Transparencia en Puerto Rico: anatomía de una ilusión

Farasch López

Internet ha sido no sólo un vehículo del flujo de la información sino que también ha implicado una cambio en lo que se entiende como acceso adecuado. En un principio parecía bastar que se nos permitiera un medio de distribución ilimitada o irrestricta a través del cual fluyera una narración de la información. A eso se sumó el hambre del ojo por la evidencia, llegaron así los despliegues de documentos, fotos y videos.

Entonces las suspicacias se movieron a otras partes, ya no era el dato, ni la narración sino si alguien mediaba al articular esa narración para manipular la opinión, y si ese mediador a su vez escondía algo. El reportero ya no era un contador de la historia, sino el narrador de una historia probable, ahora el lector o la audiencia, como ha terminado por nombrarse a la masa ciudadana que atestigua el despliegue de "espectáculos" noticiosos, lo veía como un intérprete. A las notas se sumaron los documentos a los que se hacía referencia. La prensa también tuvo que despertar y responder al reclamo por la transparencia. Los medios ya no estábamos exentos y teníamos que rendir cuentas. El ciudadano también ejerció el derecho de fiscalizar el material que hacía o no accesible la fuente de noticias. En medio de ese clima se privilegió lo que podían contar los datos y hacerlos accesibles permitía que cada quien interpretara la historia.

En GFR Media, grupo de medios que aglutina los dos diarios de mayor circulación del país (El Nuevo Día y Primera Hora), se creó una unidad periodística con personal destacado para atender asuntos de fiscalización a profundidad. La Unidad Investigativa es el espacio para un periodismo de largo aliento que se enfrenta a diario con los bolsillos o con las complejidades de las leyes de acceso a información. La Unidad es una inversión que el medio asumió como cosa urgente y necesaria en contraste con el periodismo en caliente o del diario que batalla con otros retos como el formato, agilidad, la competencia por la primicia y la exclusiva, entre otros.

Ese grupo, compuesto por una editora de investigación (que es en realidad un rol estratégico y táctico la mayor parte del tiempo), dos investigadores, un documentalista y dos redactores, está complementado por un equipo legal externo que hace de consultor y da apoyo a las gestiones de solicitud de información. Se creó un protocolo como guía de los trámites. El documento y la estrategia surgen tras un profundo análisis legal del estado de derecho y una reconciliación de esto con la realidad en las agencias públicas. En cada entidad pública parece haber un contingente de funcionarios ignorantes o irrespetuosos del orden jurídico que bloquea o dificulta intencionalmente el suministro de los datos. El protocolo creado toma en cuenta esa ignorancia del derecho, por lo que incluye cartas de solicitud que cuentan ya con un desglose de los estatutos. También contempla la burocracia, por lo que es entregado en más de una instancia de la jerarquía al tiempo que desglosa de manera puntual los datos solicitados.

Este protocolo también establece las vías de segundas y terceras solicitudes, con la intención de agotar los distintos recursos y prácticamente ir validando un expediente que le permita al medio prevalecer en caso de una gestión ulterior en que se vea obligado a recurrir a los tribunales. A pesar de estas provisiones, son muchas las ocasiones en las que el medio se ha visto obligado a recurrir a los tribunales a través de remedios especiales para obtener documentos como información de nómina o contratistas, documentos sobre vacaciones, viajes, gastos oficiales, facturas de servicios, entre otros, de alcaldes y otros funcionarios públicos electos.

El gusto fetichista por los datos

En este contexto jurídico y de exigencias de la prensa y del ciudadano ha surgido el gusto fetichista por el dato. A la batalla por documentos se sumó la contienda por los números, por analizarlo todo desde el punto de vista estadístico. Las redacciones crearon una nueva trinchera, la matemática, con la que pretenden contabilizar la gestión pública.

Ciertamente los datos estadísticos son muy elocuentes y reveladores. Pero a esto se le sumó un aspecto sexy que los convirtió en una presa deseable. Las computadoras de los reporteros, que antes se bastaban con el programa de diseño en el que se diagramaba el impreso o con la plataforma en la que se subían sus notas a la web y un procesador de texto, ahora están pobladas y asediadas por múltiples herramientas que les permitan contabilizar por igual la gestión gubernamental, un concierto, un evento, una legislación, etc.

La noticia se trató de contraer a una especie permanente de censo y casi cualquier cosa se redujo a la cifra y la coquetería de las gráficas. Un extraño analfabetismo analítico y crítico empezó a instalarse. Al poco tiempo casi todo debía narrarse en cifras y visualizarse en gráficas. La investigación perdió momentáneamente su seducción porque la gerencia editorial se enamoró del fetichismo del dato o el periodismo de datos, depende de quien lo cuente.

Llovieron los premios y los ejemplos de los grandes trabajos periodísticos que parecían un caleidoscopio de los proyectos de contadores y programadores. La transparencia era el argumento principal pero terminó por quedar casi encriptada en gráficas que eran verdaderas obras de arte, un parque de diversiones, pero no una historia. No tardó mucho en que alguien redescubriera que la pornografía del número no era periodismo en sí mismo. Pero igual, la lección principal estaba aprendida, había otras formas de narrar y los datos eran una vía franca hacia la transparencia. Además, en Puerto Rico habíamos aprendido que sistemáticamente el Gobierno evadía la responsabilidad de contar con bases de datos fiables, abiertas, disponibles y en formatos procesables para poder hacer análisis.

Primer frente de batalla: el dato doméstico

Sin orquestarlo, cada medio evaluó su entorno. Todos descubrimos nuestros respectivos retos. Algunos eran de índole económica en cuanto a la adquisición de recursos técnicos y humanos, otros tenían que ver con asuntos de gerencia y otros, los más, con que lo primero que había que denunciar era la falta de datos.

Nuestro primer frente de batalla fue el dato doméstico. Tratándose de una isla y además con una tendencia casi enfermiza a interesarse sólo por su inmediatez doméstica, el reto era poner en función todo el andamiaje legal para requerir la información relevante. Superada esta parte, de inmediato surgió un nuevo y más desafiante reto: la información se entregaba en hojas de papel, por lo que tomaba semanas que fuera recopilada en las agencias, otras semanas más en fotocopiar, y meses en que fuera procesada por reporteros e introducida en bases de datos que nos permitieran cuantificar y analizar la información. Además, requería de un esfuerzo de corroboración y contraste de los datos, así como del ejercicio básico de la investigación tradicional de leyes y reglamentos aplicables a las situaciones bajo análisis.

Una muestra de cada especie

Como jefa de investigación siempre he tenido claro que es necesaria una buena dosis crítica para replantear que el periodismo de datos no es solo estadística, ni solo interpretación y mucho menos es sólo números y acceso a bases de datos libres, sino que la superación del fetichismo implica un componente indispensable de análisis de largo aliento, que abarca casi una arqueología legal, de reglamentos, legislaciones, etc. y que el esfuerzo periodístico es inútil si claudica a la visión panorámica que pone en perspectiva y en su contexto cada asunto.

Para ilustrar los retos, los aciertos y desatinos que como equipo investigativo hemos experimentado he elegido dos proyectos modelo en los que nos servimos de distintas herramientas y que dieron resultados de periodismo de datos con distintos niveles de alcance y grados de dificultad. El propósito es destacar lo que hace de cada proyecto un ejemplar único.

Destape al manto legislativo, cuatro años de sombra

Publicado impreso, en un especial de 20 páginas, el 5 de marzo de 2013

Este es un proyecto sin precedente en Puerto Rico. Por primera vez un medio se dio a la tarea de investigar a profundidad las finanzas de todos los legisladores y publicó sus hallazgos en el primer trimestre del cuatrienio con el propósito de que la ciudadanía tuviera elementos de juicio para establecer sus exigencias a la nueva Asamblea Legislativa.

Durante más de cinco meses, un grupo de seis personas (editora de investigación, investigadores, reporteros y documentalista) se dieron a la tarea de solicitar acceso a las planillas sobre ingreso que están obligados a entregar a la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) todos los candidatos a puestos electivos.

La primera dificultad: se nos dio el acceso a los documentos pero el reglamento de la agencia no nos permitía fotocopiarlos. De modo que el equipo se dio a la tarea de transcribir cada número de los últimos cinco años de las planillas de los legisladores.

Tener esto era como no tener nada. Sabíamos lo que reportaban en ganancias y propiedades, pero eso no era suficiente para determinar si estos funcionarios mentían en sus planillas, reportaban sus verdaderos ingresos o evadían el pago de contribuciones. Era preciso investigar con más profundidad. Exigimos el acceso a los estados financieros presentados por los funcionarios en la Oficina de Ética Gubernamental (OEG), la agencia denegó el acceso aduciendo que era información confidencial.

Activamos al equipo de abogados para que analizara las leyes y reglamentos que regían el acceso a esta información en cada cuerpo legislativo. La Cámara de Representantes y el Senado tenían Códigos de Ética distintos con limitaciones diferentes. Iniciamos las gestiones en ley para solicitar que los propios legisladores hicieran entrega de los estados financieros que radican en la OEG. El andamiaje legal promovió la dilación de los procesos.

El Nuevo Día determinó que pediría a cada legislador el acceso a sus estados financieros y haría pública esta petición. En otra acción sin precedentes, en un mismo día el diario entregó en la mano las cartas de solicitud a cada legislador. Sólo unos pocos contestaron el llamado y en su mayoría pensando en el capital político que esa apariencia de transparencia le generaría en medio de la campaña eleccionaria que alanzaba su punto culminante para entonces. Con estos documentos empezó una nueva etapa, la de contrastar los datos que los funcionarios sometían al fisco con los que sometían a la CEE y la que presentaban en supuestos estados financieros auditados en la OEG.

El resultado, cada quien tenía su escándalo. Algunos mostraban en sus planillas al fisco un estado de insolvencia casi total (antes de ocupar el puesto público), mientras su estado financiero presentaba a pseudo magnates, reclamaban dependientes que no vivían con ellos, tenían propiedades en ejecución por falta de pago, tenían historial de demandas de cobro, algunos no tenían su residencia principal en el distrito al que representaban, no tenían ahorros, tenían gastos alegres mientras no saldaban sus préstamos estudiantiles, casi ninguno tenía cuentas para el gasto futuro de los estudios de sus hijos, tenían negocios que no reportaban, eran empresarios y legisladores al mismo tiempo, algunos tenían deudas con Hacienda sin planes de pago o sin emitir pagos por años. En fin, obtuvimos el retrato del desastre de las finanzas privadas de quienes debían administrar las finanzas públicas de un país casi en la bancarrota. Probar todo esto requirió de corroboración de datos, visitas a los predios de los que eran dueños, días de inmersión en expedientes de registros de la propiedad, entrevistas a vecinos, revisión de expedientes judiciales, entre otras muchas gestiones.

El resultado: veinte páginas de publicación de escándalos, más el esfuerzo del medio por discutir con expertos en administración pública, ética gubernamental y procesamiento penal de altos funcionarios las recomendaciones que debía poner en práctica el estado para sanear la vergonzosa situación.

El lugar de este proyecto en la selva del periodismo de datos podría resumirse en:

  • No hubo un despliegue gráfico aunque indiscutiblemente este fue un trabajo monumental de análisis de datos y cifras, pero no se contaba con los elementos tradicionales en los que descansa el periodismo de datos.
  • Las llamadas bases de datos estaban sustituidas por archivos cuasi arqueológicos de propiedad inmueble, escrituras de compraventa, estados financieros, etc.
  • Los datos que se analizaron eran extremadamente complejos y personalísimos, es decir, había una investigación por cada sujeto, puesto que los datos a corroborar no coincidían entre sí y eran muy particulares. Cada investigador tenía una arqueología distinta que hacer. Los archivos y registros estaban regados por toda la isla.
  • Fue preciso el análisis comparado de las leyes y reglamentos que rigen los cuerpos legislativos y las agencias que los fiscalizan a través de los años, lo que requirió consultas especializadas.

Esto resultó en un trabajo faraónico en el que no había ni gráficas ni números, pero fue el proceso investigativo de datos más amplio que se ha hecho en medio alguno del país.

Desierto el Capitolio

Serie impresa publicada entre el 10, 11 y 12 de febrero de 2014

Este proyecto combina el típico esfuerzo del periodismo de datos en el que se contabilizaron las ausencias y comparecencias de los senadores durante la primera sesión de 2013 y un análisis profundo de los Códigos de Ética y reglamentos aplicables la conducta de los senadores. Esta Legislatura enfrentaba temas medulares que desde hace mucho se venían postergando en el aspecto legislativo pero que ocupaban la atención pública constantemente. Ese era el caso de los estipendios y dietas que cobraban estos funcionarios, los que elevaban sus salarios por encima de un promedio de $120 mil anuales, la divulgación de información financiera, los Códigos de Ética de cada cuerpo, entre otros.

Pero no se trataba de sólo contabilizar cuándo se presentaron y cuándo no a su trabajo, sino que la Unidad sumó a este propósito el análisis en profundidad sobre el desempeño de las comisiones, a qué sesiones, vistas públicas y demás convocatorias asistió cada senador y esto lo contrastó con sus expresiones públicas sobre los distintos temas. Tampoco había precedente de un informe periodístico que trascendiera el ejercicio cuantitativo de las comparecencias.

Los resultados nuevamente nos llevaron a un escándalo. Senadores con continua presencia en los medios, no acudían a las vistas, se ausentaban sin presentar ningún tipo de excusa, la senadora con mejor asistencia era de la oposición, se votaban proyectos y nombramientos de altos funcionarios de gabinete por referéndum (llamadas telefónicas), no se presentaban a las vistas de nombramiento de altos funcionarios y a algunos ni se les veía por los pasillos del Capitolio ni en los debates de mayor interés público.

Se midieron cuantitativamente aspectos como asistencia, excusas, nivel de compromiso y desempeño de cada senador. Este trabajo también enfrentó el consabido escollo de la lucha por el acceso a la información y posteriormente el desafío de procesar los datos puesto que se nos entregaron documentos en papel. En este proyecto trabajaron unas ocho personas (editora de investigación, un jefe de diseño, dos infografistas, una investigadora, un reportero redactor y el equipo legal). El proyecto en la web recogió principalmente las notas y fue la apuesta impresa la que contuvo la mayor cantidad de elementos gráficos.

Farasch López Reyloz

Editora de Investigación Unidad Investigativa GFR Media, Puerto Rico. Ha trabajado en los diarios Primera Hora y El Nuevo Día. Tiene estudios formales de Bachillerato y Maestría en Filosofía y Literatura Comparada, Lenguas Clásicas, Universidad de Puerto Rico.

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