Geoperiodismo: relatos que dialogan con el territorio

Cómo los reporteros pueden participar en el proceso de mapeo contemporáneo

Gustavo Faleiros

La relación entre periodismo y ubicación a menudo define lo que es una noticia. Entre las preguntas que deben ser respondidas en una investigación (quién, cómo, dónde, cuándo y por qué), la ubicación está siempre presente. Lo extraordinario en el mundo del periodismo rara vez ocurre en un espacio abstracto: ocurre en la calle, en la ciudad, el campo o incluso fuera de nuestro planeta, tal como lo muestran los telescopios que fijan su mirada hacia las estrellas.

Aunque estos lentes súper poderosos nos permiten mirar más allá de nuestro jardín, pocos periódicos, revistas y canales de televisión tienen, de hecho, un alcance global. Los medios crean su comunidad, su reputación, a través de su presencia local.

Piense en los periódicos o revistas que publican su guía de entretención con películas y nuevos restaurantes. O piense en los resultados del equipo de la ciudad o las secciones que sólo reportean sobre barrios o la falta de servicios públicos. Incluso cuando se trata de asuntos internacionales, un medio prefiere a menudo trabajar con "enviados especiales", que se referirán a los hechos a través del lente de la audiencia local. El reportero, en estos casos, se convierte casi en un diplomático, hablando en representación de los intereses de sus ciudadanos.

Paradójicamente, Internet, que permite una comunicación global, ha empujado inmediatamente las noticias a un hipernicho y una ubicación determinadas. Múltiples servicios permiten a los usuarios personalizar la entrega de información respecto a sus intereses específicos y (muy a menudo) relacionados a dónde viven. La verdad es que por largo tiempo las herramientas digitales han filtrado el contenido para ser vistas tomando en consideración el interés y la ubicación.

Como periodista especializado en medio ambiente, puede haber parecido trivial poner más atención a la pregunta acerca de dónde están ocurriendo los hechos. En una mirada más próxima al mundo natural, las noticias no ocurren en un barrio, ciudad o país: ocurren en el Amazonas, el Sahara o en el Ártico, por ejemplo. Pero este ángulo territorial no debería ser considerado distante o nuevo comparado con el trabajo hecho día a día en un noticiario local, siempre enfocado en los problemas de las ciudades.

De hecho, son prácticas extremadamente similares, lo que cambia es la escala. Para dirigirse a asuntos tan grandes como el cambio climático, la deforestación del Amazonas o la quema agrícola en tiempos de sequía, observar el territorio provee mucha información al reporteo basado en una sola ubicación.

Uno podría decir que el periodismo y la geografía tienen una función en común: brindar un conocimiento suplementario a otras disciplinas, generar un contexto para entender los problemas sociales y económicos. Como si fueran una capa bajo la historia. La idea de que el periodismo puede trabajar como una capa contextual al mundo físico y socioeconómico ganó una nueva dimensión con la tecnología actual. Hoy, agregar noticias y clasificarlas en grandes bases de datos puede ser tan importante como las bibliotecas de los periódicos, tan consultadas todavía por los investigadores.

Nuestra práctica mediante el proyecto InfoAmazonia.org, que describiré a continuación con más detalle, demuestra que es posible organizar las noticias actuando como cartógrafos modernos.

Lo que hacemos es incorporarle a las noticias información sobre su ubicación, que puede ser algo simple: el nombre de un país, estado o provincia, o con mayor granularidad, como una dirección completa o sus coordenadas geográficas. Lo que creamos son capas de noticias que pueden dialogar con otros datos. A este intento de crear narrativas en diálogo con la geografía lo denominamos geoperiodismo.

Los primeros experimentos de geoperiodismo

En 2008, cuando me convertí en editor del sitio O Eco, una agencia de noticias medioambientales sin fines de lucro con sede en Río de Janeiro, uno de los temas que escogimos como más importantes de cubrir fue la incidencia de los incendios dentro de las áreas protegidas. La decisión se basó en casos desastrosos como Chapada Diamantina, donde enormes incendios alcanzaron y destruyeron gran parte de la vegetación nativa.

Nuestra iniciativa nos condujo a estudiar reportes diarios hechos por el Instituto Nacional del Medio Ambiente(IBAMA), los cuales estaban basados en información satelital. Los documentos nos mostraron cuáles fueron los parques, reservas y estaciones ecológicas que estaban sufriendo por las llamas. Estos documentos, sin embargo, no revelan cuáles fueron las causas y las historias detrás de los siniestros. ¿Fueron intencionales o naturales? ¿Cuáles fueron las mayores pérdidas en biodiversidad?

Para obtener este tipo de información, hemos creado un procedimiento en el cual todos los reporteros deberán hacer turnos en una ronda de llamados de los guardias de las áreas protegidas donde hubo alertas de incendio en los boletines del IBAMA. Creamos un blog donde publicamos los resultados, con fotografías. No lo sabíamos entonces, pero estábamos en medio de un proceso colaborativo y un mapeo casi en tiempo real de los eventos.

Cuando estas historias comenzaron a acumularse, nuestro instinto básico nos llamó a crear un mapa con noticias localizadas acerca de los incidentes. Sin experiencia alguna como cartógrafos, sólo usando Google Maps para crear una capa con los límites de las áreas protegidas y dentro de estas fronteras, incluimos contenido periodístico (fotos, texto, etcétera). Con el paso de los meses, ganamos experiencia y nos asociamos con empresas que combinan los sistemas de información geográfica (GIS) y referencias cruzadas de nuestra base de reporteos e información satelital.

Esta primera experiencia nos llevó a pensar en el uso de mapas como una herramienta narrativa. Fuimos inspirados a buscar maneras de mejorar la disponibilidad de información en la web. En 2010, cuando nuevamente hubo una situación de un gran número de 'hotspots' (puntos calientes) en el país, repetimos el experimento recolectando los reportes de los incendios dentro de las áreas protegidas.

Sin embargo, notamos que pudimos expandir la escala de nuestra cobertura utilizado el mapa como un medio de monitoreo colectivo. Así que, paralelamente, con la coordinación de una red de reporteros que continuó investigando las causas y consecuencias mediante entrevistas con los directores de los parques nacionales, comenzamos a pedirle al público que nos envíe información, como fotografías y reportes de incendios en sus ciudades. La decisión no estuvo basada sólo en la creencia de que estaría disponible al público para ayudar. De hecho, la idea vino al momento en que las redes sociales hicieron un llamado público en contra de la situación incendiaria y calamitosa en el país. Usando el marcador (hashtag) #chegadequeimadas, fue posible encontrar una auténtica protesta virtual organizada vía Twitter.

Hemos creado un mapa colectivo, el cual no sólo está abierto para recibir reportes directos del público sino que también utilizamos la habilidad de agregación proveída por la herramienta Ushahidi/Crowdmap para rastrear la información de redes sociales. Tal como lo haremos con proyectos futuros, agregamos coordenadas geográficas para asegurarnos de que las cuentas funcionarían como una capa en diálogo con otra información dispuesta en el mapa.

Pensando en nuevas formas de distribución

Tal como fue mencionado anteriormente, durante el proceso de creación de proyectos de mapeo, dos factores fueron primordiales siempre. La habilidad de organizar información generando contextos para el periodismo de noticias y generar una sensación de comunidad en los usuarios identificados con las narrativas mapeadas. En ambos casos, un factor común es la forma en la cual esta información es distribuida. Además de permitirnos tomar ventaja y alcanzar una escala, las herramientas de mapeo digital también nos permiten promover el interés a través de la belleza. Entonces, pensar en las maneras en que la información será distribuida siempre fue crucial en los proyectos que comenzamos.

Desde el momento en que comenzamos a hacer las primeras revisiones de datos con información obtenida de imágenes satelitales o puntos que representan incendios en un mapa, nuestra voluntad fue la de crear mapas en el Amazonas. Lo que llamó nuestra atención es que aunque sea tan relegada cuando de políticas públicas se trata, el Amazonas es necesario para hacer investigaciones científicas, y mejor aún, los datos generados por ellos, están frecuentemente accesibles al público.

Así que cuando es contrastado con 20 años de información detallada sobre el proceso de deforestación en Brasil, comenzamos a pensar en cuál sería la mejor forma para representarlo a nuestra audiencia, para que esta se sienta más comprometida con el problema. Más que una representación gráfica, ¿cómo podríamos agregar el valor del periodismo y el análisis y contexto a la tendencia demostrada por los datos de la destrucción?

Con estos asuntos en mente diseñamos el proyecto InfoAmazonia.org, lanzado en junio de 2012 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable.

El periodismo con mapas ¿puede ser el futuro?

Eventos recientes como la Primavera Árabe, ya sea en Egipto o en Siria, demuestran en gran medida que los reportes hechos por ciudadanos pueden reemplazar la importancia del reporteo factual. Uno puede discutir el problema de la parcialidad o el alineamiento político de esos reportes, pero el poder del público para discernir estas tendencias no debería ser subestimada. La hiperlocalidad de la web también está vinculada con el tema de la reputación, determinada por quién muestra las noticias. Es nuestra comunidad la que decide qué considera verdadero.

Gustavo Faleiros (@gufalei)

Periodista, coordinador de InfoAmazonia.org y administrador de la Red de Periodismo Terrestre (Earth Journalism Network), ex becado de periodismo de la Knight International en conjunto con la ICFJ (Centro Internacional de Periodistas).

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